martes, 15 de julio de 2008

Cenizas de amor.


Volverte a ver, como si el tiempo no hubiera pasado. Como si los 2 años se hayan transformado en apenas 2 escasos minutos.
Vuelvo a mirarte a los ojos, el mundo se transforma delante de mí. Se vuelve de los colores más exóticos del país.
Mi corazón late a punto de estallar, mis manos sudan y no lo puedo controlar. Tomo aire, respiro profundamente para poder calmar mi ansiedad, tomo valor para entrar al bar.
Exhalando el poco aire que me quedaba, tu voz, tu jolgorosa voz rompe con mi esquema de tranquilidad, el susto y los nervios vuelven a rondar. ¿Por qué pensé que estarías dentro del bar?

Entre tus risas y mi susto, nuestro saludo en la entrada, "Estas hermosa", -cállate, lo haces para que te perdone del susto que me hiciste pegar- "No, siempre lo estas."

La mesa junto a la ventana nos esperaba. Parecíamos dos adolescentes que se veían por primera vez, sentíamos esa excitación, el juego de lo prohibido. Pero ya maduras para entenderlo y jugarlo.
No estuvimos mucho ahí, un café no era lo que queríamos compartir. Caminamos por Puerto Madero, cerca del Puente de la Mujer. Un tierno sol primaveral, raro en esta época, hacia la tarde más especial. Había olvidado que a tan solo un par de cuadras de la oficina tenía esta tranquilidad. A lo que contestaste:

-Lo mal que haces… No te imaginas cuanto extrañaba este lugar.
-Imagino, es duro estar lejos. Pero esto es increíble, a unas cuadras pleno micro-centro, ruidos, quilombo y de repente esto.
-Si… esto es un lugar. Buenos Aires es mi lugar. (Mirándome)

Sentí que necesitabas charlar y te ofrecí tomar un café, me abrasaste contestándome que si pero que en tu casa, para estar más tranquilas. Fuimos sabiendo lo que iba a pasar. El café si efectivamente iba a estar pero enfriándose por la importancia que le íbamos a dar. Devuelta habíamos caído en el desenfreno de esa pasión, irresistible de controlar. Tus labios rondaban por mi cuello lentamente cayendo hacía mis senos, levantaste la mirada y te pusiste enfrente de mi:
"Te extrañe, te extrañe demasiado". Me incline y te bese, tome el control de la situación: -"ahora, el pasado no"- fue lo único que logre contestar.

Son las 21:04 p.m. y mi celular no deja de sonar. Tus mensajes no paran de llegar pidiéndome que esto no termine más. Pero por el bien de las dos, lo vamos a tener que frenar y hablar. Hay un pasado que no podemos ocultar.

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